Debo exorcizarte de mi cuerpo, debo desterrarte de mi mente, arrancarte con las uñas y sentirme indiferente.
Vaciar tu taza
llenar la mía
equilibrar las fuerzas
no morir de agonia...
Calentar la sangre sin el cuter, dejar consumir el cigarrillo fuera de los labios, rezar quiza un "salve", rezar quiza me salve.
Desprender tu piel de mi cuerpo, quemar la memoria adulterda, colorear mis versos y mi historía, aunque sepa que la vida no vale nada.
Arrancar los bigotes de Dalí, aunque el guardía de mi mente grite "Alto ahí", dejar salir al gato a comer algún raton, dejar morir al gato en mi sillon.
Extirparme tu voz endulcorada, con granitos de cafe de fina cosecha, romper la taza roja que me unia, a tu mano de argolla coronada, romper la taza roja que se enfria.
Dejar de llorar cual magdalena, que no fue ni sera nunca una santa, vaciar mi lengua que se atraganta, con palabras y recuerdos ya maltrechos, escupir sin el nudo en la garganta, las maldicones que cambiaron a los hechos; La siniestra se presta tentadora a cubrir mis despojos con despechos.
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